Pocas ganas tení­a esta noche de ir a comprar, pero ya sabes “no quieres arroz, pues dos tazas”.

El caso es que deambulando por las diferentes secciones de Carrefour, empujando el carro, iba buscando las cosas que necesitaba para reponer mi despensa y escucho el familiar ding dong ding. Lo llamativo es que esa vez no era para avisar a un padre despistado para recoger a su criatura olvidada, o un coche mal aparcado o simplemente para anunciar la hora de cierre. Pues no, el mensaje anunciaba la detención de la actividad por un problema técnico. Vamos que el sistema informático se habí­a colgao.

No le dí­ mayor importancia, y seguí­ llenando mi carro. Sin embargo, unos minutos después se repetí­a el mismo mensaje. Entonces, con mi compra casi terminada es cuando empiezo a preocuparme. Las colas en las cajas empiezan a crecer, y no es nada erótico. Las cajeras con cara de circunstancias, esperando, y mientras un par de tipos corriendo arriba y abajo y comprobando algo en los terminales.

’¿Qué sistema informático de estas caracterí­sticas se cae completamente durante más de 30 minutos de reloj? Y mientras ’¿cómo se calma a los clientes? pues con la vieja receta del “ajo y agua”.

Tras esos interminables 30 minutos, por fin se anuncia por megafoní­a la recuperación de la normalidad. O eso pensaba yo. Con la suerte que estaba teniendo, no funcionaba el pago con tarjeta de crédito, ¡genial! Las opciones eran igual de tentadoras, o bien ir al cajero de fuera y volver a hacer cola, o vaciar el carro, y olvidarme de comprar hoy. Evidentemente opté por la primera opción.

Bueno, 8 minutos más de espera, y ya tení­a efectivo pero lo que termina de enfadarme (por decirlo suavemente y de manera cursi) es que cuando por fin paso mi compra por la caja, ya funciona el sistema de cobro con tarjeta. Vale, el sistema se recupera poco a poco, pero… ’¿no podí­a la amable vocecita de megafoní­a avisar de ello? Porque claro me hubiera evitado hacer el idiota en la cola del cajero.

Un cuelgue másLo único que me ha dejado un sabor dulce ha sido esta foto. Aunque no se aprecia bien, pues está hecha con el teléfono, el mensaje de error se distingue claramente. En ese momento me he reido, a pesar del martirio que estaba sufriendo. Me he reí­do de esos anuncios de la famosa compañí­a fabricante del sistema operativo, donde te intenta vender tranquilidad, estabilidad y sencillez. Aunque claro, media hora para reiniciar un sistema es demasiado tiempo para una solución tan fácil.

Ah, Carrefour no ha tenido ninguna deferencia con sus clientes, otra muestra de que los monopolios (ya que aquí­ en Mérida no hay otro hipermercado) no son lo mejor. Simplemente más ajo y agua, y los clientes colgados.